2. Jonás – Mutismo. Segunda parte.

Y dijo…

Lo que veo no lo ven mis ojos, estos me engañan;
lo que escucho no lo escuchan mis oidos,estos interfieren
¿Por qué sentir cuando soy yo el que produce el sentimiento?
¿Por qué hablar cuando estas no son siquiera mis palabras?

Tomé la carta que llegó a mi casa y la voltee. Era el signo de la muerte. Sabía que hacer, pero dudé. Saqué la daga de mi saco. Me acerqué “escurriéndome” en la pequeña brecha sin “humo” y extraje sus ojos con el afilado brillo que sujetaba mi mano.
De sus orificios se descargó una inmensa cantidad de energía. Abrió su boca y comenzó un desgarrador grito (durante el
equivalente de 8 segundos en términos humanos).
Después de eso, absorbió con su boca toda la energía obscura que lo rodeaba a una velocidad impresionante. Vació toda la
casa. Al hacerlo, su boca se cerró, sus párpados cerraron. Inclinó su cabeza hacia el frente y levantó sus manos.

Sus manos

De ambas palmas surgieron sendas esferas de luz, azules…claras, cada una se escurría a través de la superficie de sus brazos, como si de lágrimas se trataran. Probablemente lo eran.
Tomé uno de los relojes de arena. Pero no se lo dí. Lo puse frente a mis ojos y lo giré.

Usé su reloj

Ví lo que fue.
Trabajaba aparentemente en una oficina. Parecía ser alguien de alto rango, buena ropa, buen carro, mujeres atractivas… después un gran escritorio, una gran oficina. Alcohol, cocaína, sexo…espejo, eso era, vió su reflejo en un espejo.

¿Qué vio?

En su frente había un inmenso orificio que emanaba energía obscura hacia el cielo. Se transtornó. No volvió a mirar un espejo. No volvió a mirarse a sí mismo.
Siguió con su trabajo, mas no con su vida, hasta que se cansó. Se sentó en su sala y trató de contener esa energía que emanaba de su frente. Pero no pudo. Y esta encontró maneras de salir…

Lo libré de aquello que le permitia verse,más no lo libré de su tortura. Eso no dependía de mí.
No lo maté. Era la primera vez que no hacía lo que ordenaba la carta.

“No me gusta obedecer, no cuando no vale la pena”.

Sabía que no recibiría pago. Pero no lo necesitaba, -sin embargo, retrasaró mi búsqueda-, aún así ese hombre merecía otra oportunidad.

Salí de la casa sin resistencia. Continuó sin hablar, más su problema no estaba en su boca sino en sus ojos…no, no en sus ojos, en su interior. Por fin pudo concentrarse sin distractores.

Al llegar a mi hogar, tomé una fruta, -una manzana-. Mientras la saboreaba noté que aún tenía sangre en mi mano. Dejé de
comer y pensé en el tiempo que había pasado desde la última vez que me había visto en el espejo…mi espejo.

El ser es especial.

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