2. Jonás – Mutismo. Primera parte.

Lo poco que se de mí me hace ser especial, lo que aún no conozco, es lo que me hace dudar esta afirmación.

 

Mi casa

Por la mañana (9:22 am para ser exactos) noté la presencia de otra carta pegada en la ventana. La tomé con mis manos heladas. Tenía marcada una dirección, siempre es así…
Me pregunté que tenía de especial esta persona…No importaba, todas eran especiales.


Su casa.

Era de madera, blanca, por lo menos es lo que se podía apreciar con la escasa cantidad de pintura impregnada en las paredes. Las ventanas selladas cada una con 8 trozos de madera delgados, clavados con 13 clavos en cada extremo, 3 centrales. En su techo una antena de televisión antigua, apuesto era de los 80’s…no de 1979, estuve cerca.

En fin, sucia, era la mejor palabra para definirla. La peor palabra: ignorada.

Me acerqué al frente. No había manija en la entrada, aún así la puerta me impedía entrar. Un flujo de energía, obscura, se desprendía de la puerta, de las ventanas, del sótano. Ésta caía al momento de salir, parecía perder su fuerza. Tomé un poco con mi mano izquierda y se transformó en ceniza. Manchó mi mano. Peor aún, comenzó a esparcirse.
Levanté mi índice derecho y concentré un rayo de luz en la punta, lo puse en la palma de mi mano izquierda y giré en sentido inverso a las manecillas del reloj hasta el último borde de esa ceniza. Desapareció.

En ese momento dudé en entrar, pero sin darme cuenta, aparecí en el interior de la casa.

El interior

 

En el centro de la sala, un hombre sentado sobre sus piernas cruzadas meditaba. Parecía no tener músculos, solo piel. Era blanco…transparente, todo color había desaparecido tiempo atrás. Sus ojos blancos -abiertos- emanaban ese “humo” de sus orillas.

¿Quién es él? -Pregunté a mi interior-.
Y éste me contestó, con palabras impronunciables. Supe la respuesta.

Miré fijamente a ese hombre y de mi boca emanaron las palabras:

“Ahora lo se, eres silencio, eres reflexión”.

Más no hubo respuesta. Pasaron diez largos minutos, donde el sonido en esa sala dejó de existir, hasta que para mi sorpresa habló…

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