4.-De cómo Job se desprendió de su cuerpo.

Sabía que necesitaba ayuda…
no conocía el camino, solo el fin.

Comencé con plegarias,
-¿A quién? No lo se. –
al inicio de desesperación,
después de consuelo.Fui escuchado.

-No se por quién.-
A mi paso, encontré a un hombre.

Era flaco…caquéctico,
con piel tan obscura como su mirada.
Cargaba en su vientre un tambor,
que sostenía con una correa en su espalda.
Me miró, como suelen mirarme esos seres.
Y comenzó a tocar.
Me dejé guiar.
El ritmo se apoderaba de mí,
pero en lugar de contagiar mi cuerpo con un baile,
me paralizó.
Me dijo en ese momento:
“Toco al ritmo de tu corazón”
“Para seguir tu camino necesitas desprenderte de tu cuerpo”
“Esto es lo que haz pedido y esto es lo que te daré”.

Dejó de tocar lentamente,
y de la misma manera mi corazón dejó de latir.
Era el tambor y mi centro un solo sonido que se apagaba.

Me resistí y golpee mi pecho,
La desesperación se apoderó de mi.
¿Cómo no iba a hacerlo si estaba muriendo?
Sin embargo recordé quien era y a dónde iba.
Dejé de golpear.
Dejé de pelear.
Dejé de latir.
Dejé de vivir.

Un único parpadeo, probablemente duró semanas.No importaba.
El hombre continuaba frente a mí.
Sin tambor, sin cara.
Sus manos se movían en círculos,
con un movimiento divergente creó viento,
y me arropó.

Comencé a brillar, y ese brillo tomó forma,
y comenzó a latir.

Era ahora mi espíritu el que latía.

Había dejado atrás el cuerpo que tanto me ataba,
ahora solo faltaba dejar lo más difícil:
a mí mismo.

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