2. De cómo Job creó una nueva señal.

Giré hacia un nuevo sendero.

Quería respuestas. Quería ser.

Tomé de la tierra sus consejos.

Y del viento su fuerza.

Armado con estos, emprendí de nuevo la marcha. Temeroso, por primera vez.

En ese momento apareció alguien. Me confortó.

Cada segundo que pasaba dió una parte de su vida sin pedirme nada a cambio.

Sentí compasión.

Transmitió su calor, directo en mi cuerpo. Y ese calor me habló.

Escuché atentamente:

Amigo mío, caminé por un estero sin origen ni fin.
Con cada paso dado nacía una roca, en una de ellas creció una flor.
De ésta, emanaron luciérnagas, que evaporaban el agua a mis espaldas.

Me observon, me siguieron.

Dime tú fiel compañero si hubieras confiado en ellas…

Tomé una con mi mano desnuda
y la introduje en mi boca.
Liberando de mis entrañas miles de mariposas negras.

Sentí paz. Sentí vida.

Así, de la luz que marcaba mi camino,
surgió la sombra que obscureció el cielo.

Me entristecí al ver lo que hacía, por lo que dejé de caminar.
El estero se convirtió en pantano
y las luciérnagas dejaron de seguirme.
Fueron al cielo y se convirtieron en estrellas,
donde se unieron con las mariposas
creando así la noche.

Una de ellas bajó y se posó en mi frente,
crucé mis piernas y medité.
De inmediato una voz salió de mi corazón,
recorriendo cada una de mis arterias.
penetró lentamente mi piel: era un búho luminoso.

Me miró y entendí:
“Sigue”.
Desapareció.
Aún con restos de plumas en mi cuerpo, continúe.
Y mi cuerpo se contagió de su brillo.
Y las plumas se convirtiéron en flamas.
Y fui yo una nueva señal.
Fui un nuevo día.
Subí al cielo aún con la luciérnaga
y nos posamos en lo más alto de este mundo.
Nada nos detuvo.
Nada nos contuvo.

Y seguimos juntos en la eternidad.
Plasmados permanentemente en el espacio,
testigos de un mundo espiritual;
esperando verte, esperando seguirte.

Soy yo ahora tu fiel compañero.

Soy ahora tu fiel ayudante.

Mientras mi brillo aún persista estaré contigo.

Al sentir/escuchar esas palabras recordé la alegría.

No estaba solo.

Sin embargo, sabía en ese momento que no podría confiar más en él.

No en estos momentos.

No cuando en mis manos está el destino de mi vida, de su vida.

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